sábado, 5 de marzo de 2011

Actual

Becquer, Picasso, Buñuel, Verdi, Mozart, Cervantes... ¿y ahora? Bill gates, Zuckerberg, Messi, C. Ronaldo, Berlusconi, perdón por el último. Sí, el mundo, nuestra sociedad, se ha denigrado en esto.

Si un día, un cualquiera, pasara por un instituto; ese lugar donde residen gente que es alimentada de estereotipos, de memorización impensante, de teclados programados que te dicen que escribir, si ese día llegará un cualquiera, hiciera un cuestionario y el cuestionario dijera qué personas son las más importantes de nuestro siglo, qué personas son las más conocidas de nuestro siglo, les aseguro que de los anteriores mencionados, todos saldrían nombrados.

El mundo ha convertido el arte en negocio. El arte ha desaparecido, está desapareciendo. Si no vende, no se crea. ¿Mozart componía para que otros lo escucharán, lo valoraran y le pagarán? No, Mozart componía porque era su vida, porque era su sueño y su esperanza.

Hoy, donde el mimetismo impregna la realidad, todo se desvanece. Profesiones anteriormente valoradas positivamente, ahora, son un fraude, una calumnia, una vergüenza. Donde mi querido periodismo, se ha convertido en un sensacionalismo, en una espectacularización de la imágen e incluso del sonido, hace pensar que todo esto puede no ser tan maravilloso como lo pinté en mi imaginación. Donde la ideología se difumina cuando existen beneficios en el lazo que unen las partes, donde los valores se pierden cuando los números son más importantes que las letras... hay palabras de personas que escupen sobre los números que sólo sirven para las personas que no saben vivir, que no saben soñar y que cuando la guadaña viene a buscarlos, lo único que les consuela es que nunca han pasado por apuros.

El mundo se sustenta de acuerdos entre los países más influyentes mundialmente, que trafican con armas ilegales a cambio de drogas ilegales que dan la posibilidad de la utilización de minerales necesarios para la tecnologización de nuestra era a cambio de guerras ilegales, de niños soldados ilegales. Porque es una ilegalidad, el que un niño tenga que portar un arma, que tenga que llevar a cuestas una ideología impuesta, y como tal ilegalidad, todos los participantes directos e indirectos son responsables. Y como responsables, deben pagar. Pero, ya sabemos que en este mundo donde el capital es el que preside la palabra, donde la palabra ya es un negocio, toda intención de palabra en contra será saldada a favor en su balance correspondiente.

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